DERECHO PENAL PARA EL AMIGO

DERECHO PENAL PARA EL AMIGO
ALBERTO POVEDA PERDOMO

Sunday, February 20, 2011

ABOGADOS DEL DIABLO

Columnistas-Febrero 20 de 2011, 00:30
http://www.diariodelhuila.com/noticia/11177
ABOGADOS DEL DIABLO
Aníbal Charry González

Jacques Vergés, considerado como el penalista más importante del mundo, conocido también como el “abogado del terror” por defender terroristas de izquierda y derecha y a algunos de los más despreciables criminales como el “carnicero de Lyon”, el nazi Klaus Barbie y el jefe de los jemeres rojos del genocida camboyano Pol Pot y al terrorista Ivan Illich Ramírez, conocido como “ El Chacal”, entre otros, expresaba que “La profesión de abogado no es solo el ejercicio de una técnica, es antes que nada una forma de demostrar que todos los hombres culpables o no, somos humanos”. Y al interrogársele si hubiese defendido a Hitler, agregó. “Me gustaría defender hasta mi peor enemigo, esa sería la máxima moral. Incluso defendería a Bush, solo si se declara culpable”.

Independientemente de si es cuestionable o no para la gente del común lo que hace Vergés como defensor, a mi juicio como abogado y profesor de Derecho, éste deja sentado con admirable lucidez lo que significa en toda su dimensión el derecho que tienen todos los seres humanos por abyectos que sean sus crímenes, al ejercicio inalienable de la defensa, la cual debe hacerse desde luego abroquelados a la ética profesional y dentro del marco de respeto al derecho y a la justicia, donde todos los recursos y estrategias que pueda utilizar el togado para defender a su cliente son legítimos, señalándose de esta manera los linderos que no puede sobrepasar el defensor en el ejercicio de la noble profesión de abogado.

Vergés, denominado también como “ El abogado del diablo” por las perlas humanas que defiende, ha hecho sus defensas imposibles apegado a esos patrones de conducta profesional que no traspasan los umbrales de la ética y el derecho, como atacar frontalmente al atacador de su cliente , en este caso el Estado que lo acusa, como lo hizo con Djamila Boujired, una joven argelina que después sería su esposa, acusada en 1957 de matar a 11 franceses con una bomba, denunciando las atrocidades cometidas por el colonialismo francés, haciéndola aparecer como una heroína de su patria y no como una terrorista. Por eso no es él un abogado del diablo, sino aquellos que proceden a delinquir para defender a sus clientes como el abogado Ramón Ballesteros, capturado por tratar de sobornar a un testigo para favorecer a su protegido procesal, el ex senador Luis Alberto Gil acusado de parapolítica.

Es inadmisible, por tanto, que Ballesteros afirme que decidió delinquir como abogado “en el ejercicio de la defensa de una persona”, pues no todo es válido en un proceso cuando se va en contravía del derecho y la justicia, al punto de tratar de obstruirla a través del crimen, como lo hacen no pocos abogados en nuestro país, que deben recibir todo el peso de la ley disciplinaria y penal por terminar delinquiendo para defender a sus clientes arrasando con el juramento que prestaron para ejercer el derecho, y por supuesto con la misma justicia. Esos son los abogados luciferinos que hay que condenar y a los que me refiero.